Durante meses este sitio dijo, municipio a municipio, qué probabilidad histórica había de cielo despejado el 12 de agosto. Nunca fue un pronóstico: era climatología —treinta 12 de agosto de reanálisis ERA5 entre 1996 y 2025, resumidos en un porcentaje y metidos con un peso del 30% en el scoring— y ese número tenía una propiedad incómoda: sólo se puede evaluar después. El eclipse ya pasó y el archivo de ERA5 ya tiene ese día, así que queda una sola cosa honesta por hacer: bajar la nubosidad real y ponerla al lado de la nuestra.
Qué se ha bajado, y a qué hora
Las mismas 404 celdas ERA5 de 0,25° que cubrían la banda de totalidad, para el único día 2026-08-12: nubosidad media diaria, temperaturas, precipitación y —lo que de verdad importa— nubosidad horaria, total y de nube baja. Once peticiones al archivo de Open-Meteo, y las 404 celdas respondieron: no falta ninguna.
La hora importa más que en cualquier otro eclipse. Éste ocurrió al atardecer: el máximo cayó entre las 20:27:18 y las 20:33:30 hora local según el municipio, así que la media del día no describe lo que vio nadie. Para cada celda se promedian las dos muestras horarias de ERA5 que encierran ese instante (20:00 y 21:00), el mismo criterio que usa el sitio para la franja de 2027. Advertencia de resolución: cada municipio hereda la observación de su celda de ~25 km, igual que heredaba la climatología. No es una medida tomada en la plaza del pueblo.
Una cosa que no se ha descargado, a propósito: las horas de sol. ERA5 no modela el propio eclipse, así que su radiación de ese día no refleja el oscurecimiento real, y citarla sería inventar un dato con aspecto de medida.
El número grande: 46% esperado, 87% real
Promediando la probabilidad que dábamos a los 3.963 municipios de la banda, esperábamos que un 46,1% amaneciera despejado —el umbral canónico del proyecto: nubosidad por debajo del 30%—. A la hora del máximo, el real fue del 86,9%; medido con la media diaria, por si alguien sospecha de la elección de hora, un 88,5%. La nubosidad media de toda la banda en el instante del máximo fue del 12,9%, y sólo un 2,4% de los municipios estuvo bajo cielo cubierto.
El 12 de agosto de 2026 salió, en resumen, mucho mejor de lo que tocaba. Y eso, dicho con precisión, no significa que la predicción fallara: una probabilidad del 46% no queda refutada por un día bueno, igual que un dado no está trucado por sacar un seis. Lo que un solo día sí puede examinar es algo más exigente y más útil: si el mapa ordenaba bien los sitios.
Dónde acertamos: la cornisa cantábrica
En el extremo malo, sí, aunque no de forma limpia. Las dos únicas provincias que de verdad se quedaron sin eclipse por culpa de las nubes fueron Cantabria, con un 27,5% de sus municipios despejados, y Asturias, con un 28,2%: las dos peores cifras observadas de las 31 provincias con municipios en totalidad. Y las dos estaban en el fondo de nuestro propio ranking —a Asturias le dábamos un 12,1%, la peor apuesta de toda la banda; a Cantabria, un 18,1%—. El mapa señaló el desastre donde ocurrió.
Lo que no vio es que ese fondo del ranking no era un bloque. A Coruña (16,0% esperado) y Lugo (17,4%) estaban valoradas casi tan mal como Asturias y terminaron con un 86,4% y un 69,7% de municipios despejados. Nuestra climatología marcaba “norte húmedo” de una pieza; ese día el norte se partió por la mitad.
El detalle que confirma la mitad acertada es el tipo de nube. En la costa entre Cantabria y Lugo hubo celdas con el 100% de nubosidad y el 100% de nube baja: no cirros altos, sino el estrato marino que se come el horizonte oeste. Con el Sol entre 2° y 12° sobre el horizonte, esa es exactamente la nube que mata un eclipse de atardecer. La media de nube baja en Cantabria a la hora del máximo fue del 47,7%, frente al 2,7% de la banda entera.
Ese mismo dato salva, de paso, a buena parte de los municipios que no pasaron el corte: de las 71 celdas que se quedaron por encima del 30% de nubosidad, 45 tenían la nube arriba y el horizonte limpio. Sólo 26 celdas de las 404 llevaban nube baja suficiente para arruinar la escena.
Dónde fallamos: el Mediterráneo, que era nuestro favorito
El extremo bueno del ranking es donde el modelo se equivocó. La costa mediterránea era la joya de nuestra climatología —el artículo sobre los treinta años de nubes apuntaba justo ahí— y ese día quedó por debajo de la media de la banda. València tenía la mejor cifra de España (68,5% esperado) y observó un 67,4%: clavada, y aun así penúltima en un día en que la meseta rozó el pleno. Castelló, con un 59,7% previsto, se quedó en el 61,5%. El peor error fue Lleida: 54,0% esperado, 42,3% observado, la única provincia con caída de dos dígitos. En descargo del mapa: la otra mitad de aquella recomendación, Ibiza y el resto de Balears, sí cumplió, con un 92,5% de municipios despejados.
Simétricamente, las provincias que descartábamos arrasaron: Bizkaia pasó de un 18,7% esperado a un 100% observado, Navarra del 30,1% al 100% y La Rioja del 37,6% al 100%. Quince de las 31 provincias de la banda tuvieron todos sus municipios despejados. Quien siguiera el mapa hasta Castelló vio el eclipse, sí, pero con más nubes que quien se quedó en Pamplona por pereza.
Cuánta habilidad tenía el modelo, en números
Para no discutirlo con adjetivos, dos métricas calculadas sobre las 404 celdas —no sobre los 3.963 municipios, que comparten celda y no son muestras independientes—:
- Brier score de nuestra climatología: 0,2919. El de una predicción tonta que le hubiera dado a toda la banda su tasa media: 0,2944. La mejora es de 0,008, es decir, prácticamente ninguna.
- AUC (capacidad de ordenar, inmune a que el día saliera mejor de lo normal): 0,606. Coger dos celdas al azar, una despejada y otra no, y acertar cuál era cuál con nuestro número salía bien 6 veces de cada 10. Mejor que una moneda, mucho peor que un mapa.
La calibración cuenta lo mismo con más detalle. De las 72 celdas peor valoradas (14,5% de media) se salvó el 54,2%; de las 68 a las que dábamos un 46,2%, el 97,1%; y de las seis mejor valoradas de todas, con un 71,8% esperado, sólo la mitad. Todo hacia arriba, y el orden roto justo arriba del todo.
El top 20, contrastado
De los veinte municipios mejor puntuados del ranking actual, 19 tuvieron cielo despejado a la hora del máximo. El único que no, Munébrega (Zaragoza), se quedó en un 31,5%: punto y medio por encima del corte, y con la nube baja al 0%, así que casi con seguridad vio el eclipse igual. Torreblanca, el número uno, fue el más justo de los que sí pasaron, con un 23,5%. Los diez municipios de Burgos y Palencia de la lista marcaron un 0% redondo.
Un aviso necesario: ese top 20 no es idéntico al que publicamos en el artículo del ranking. No es una errata de ninguno de los dos, y es la última pieza de esta retrospectiva.
La corrección que hicimos a media campaña
El 25 de julio, una auditoría interna encontró que el scoring de horizonte usaba la altura del Sol tal como la publica el IGN, redondeada a grados enteros. Con el Sol a 2-10° sobre el horizonte, medio grado de error equivale a un radio solar entero: suficiente para invertir el veredicto “Sol visible / Sol tapado” en los municipios con margen ajustado. Se sustituyó por la altura topocéntrica refractada calculada para el instante exacto del máximo de cada municipio.
El efecto: 3.564 de los 3.963 municipios cambiaron de puntuación, dieciséis invirtieron su veredicto —diez pasaron de visibles a tapados y seis al revés— y el recuento de municipios que el relieve dejaba sin totalidad subió de 85 a 89. El artículo que publicamos sobre ellos se sigue titulando “85 municipios dentro de la banda que no verán la totalidad” y conserva su URL: romperla rompería los enlaces de quien nos citó. La cifra correcta hoy, y la que usa el resto del sitio, es 89.
Y aquí llega la ironía final de la jornada. De esos 89 municipios a los que el propio relieve les tapaba el Sol, 66 —tres de cada cuatro— tuvieron el cielo despejado el 12 de agosto. La nubosidad media entre ellos fue del 20,4%, mejor que la de media España. Entre todos se perdieron una totalidad que habría durado 83,4 segundos de media, bajo un cielo perfecto, por culpa de una loma.
Lo que estos datos no dicen
Un día es un dato, no una serie. Estas cifras describen el 12 de agosto de 2026 y no permiten concluir que la climatología del sitio sea buena o mala en general: con 404 celdas fuertemente correlacionadas y una sola fecha, cualquier intervalo de confianza sería decorativo. Tampoco son medidas de campo: una nube que tape un valle durante noventa segundos no cabe en una cuadrícula de 25 km.
Lo que sí queda, y va derecho al total del 2 de agosto de 2027, es la lección de método: la climatología sirve para descartar, no para elegir. Para elegir hace falta el pronóstico real de los tres días previos, y eso ningún mapa publicado con un año de antelación lo sustituye.